Detrás de la Agresividad

Mujeres en Línea


Detrás de la Agresividad


Según los psicólogos, la violencia es una forma de expresión que se caracteriza por un inadecuado control de la agresividad, las emociones y los impulsos. Otros de sus componentes habituales son la reacción desproporcionada ante los estímulos externos, la irritabilidad y una baja resistencia a las frustraciones.


La violencia contra las mujeres puede manifestarse de forma visible, por medio del maltrato físico, pero también de modos que son difíciles de detectar como es la opresión psicológica.


Para los conocedores de la mente y el comportamiento humanos, la agresión es una forma de conducta que se adopta con la intención de atacar, hacer daño o destruir a otra persona.


Esta conducta puede presentarse desde las formas más primitivas como empujar, morder, golpear, pisotear, abusar sexualmente, intimidar con algún arma o asesinar, hasta otras más "refinadas" y menos perceptibles como insultar, humillar, despreciar, rechazar, odiar, controlar, prohibir o amenazar.


El agresor normalmente no maltrata sólo a la mujer sino que sus hijos suelen estar en su punto de mira y sufrir su violencia. Actúa así para hacer sufrir y dañar a sus víctimas, sin importarles las consecuencias de sus actos. Ante sus actitudes agresivas, no sienten ansiedad, pena, vergüenza o sentimiento de culpabilidad y manifiestan una personalidad carente de emociones.


Para algunos expertos, "la agresividad se aprende" y puede convertirse en un hábito que a veces se refuerza a través de los medios de comunicación o de una permisividad mal entendida. Otros dan una gran importancia a las conductas de imitación, a la hora de adquirir pautas agresivas de comportamiento.
En todo caso, la idea de que " la violencia genera violencia" es real: aquellas personas que en su infancia han sufrido malos tratos, han sido abandonados o han padecido carencias afectivas, tienen más posibilidades de ser personas violentas a su vez.


Cómo Afrontar el Flagelo


Millones de mujeres son víctimas de la violencia doméstica, sometidas a un silencioso sufrimiento. Experimentan la violencia en auténtica soledad e indefensión y su lucha día a día llega a ser terriblemente agotadora, ya que las constantes agresiones generan auténtica frustración, pérdida de autoestima, estrés y depresión.


En ocasiones, la situación es tan amenazante e insostenible que muchas de ellas se han planteado no solamente huir de sus casas sino acabar con sus propias vidas para acabar con su sufrimiento.


Para escapar de su drama, la maltratada ha de romper con su soledad y silencio e intentar acabar con este tipo de relaciones. El primer paso es que se haga consciente de que tiene opciones que pueden conducirla a modificar algunos aspectos en su vida que la permita liberarse de tan pesada carga física y emocional.


La víctima debe descubrir pronto la violencia y poner punto final a ella, separándose del agresor o buscando ayuda terapéutica. Lo primero que debe hacer es comentar la situación de maltrato con alguien, un familiar, un amigo o su médico y contactar con alguna asociación que defiende a la mujer en casos de abuso.


Aunque puede resultar difícil hacer este tipo de confidencia, el sólo hecho de pedir ayuda disminuye la soledad e inseguridad de la víctima al saber que alguien conoce su situación.


La maltratada debe estar preparada con antelación ante la posibilidad de tener que huir de casa en una situación amenazante y de peligro, conviene que prevea el lugar a donde acudir.


En caso de ser agredida o maltratada, los expertos sugieren a la mujer que se dirija a un hospital y después haga una denuncia a la policía. También puede acudir a las asociaciones que ofrecen a las mujeres maltratadas asistencia jurídica y son asesoradas por abogados penalistas expertos en violencia doméstica.


Las Raíces de la Discriminación


Según los especialistas, la violencia hacia las mujeres se origina en la desigualdad social entre hombres y mujeres. Constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre unos y otras, lo cual ha conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre.


La violencia fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre. Es una realidad que va en contra del principio básico de que “todos somos iguales” y de aspectos tan vitales como la autonomía e independencia de las personas y su derecho a decidir y utilizar su tiempo en aquello que los enriquezca como personas, dejando atrás los roles asignados.


Además de la ONU, cada vez son más las voces que reclaman en todo el mundo que la sociedad se solidarice y ejerza medidas urgentes y eficaces en la lucha de las mujeres que son maltratadas y se comprometa en transformar una ideología que sólo causa desigualdad, discriminación, abuso, violencia y asesinatos.