Explotación Sexual de Mujeres

Mujeres en Línea

Estas situaciones empujan a las personas procedentes de países en vías de desarrollo a iniciar un proceso migratorio hacia zonas de mayor desarrollo económico. La imagen de prosperidad y éxito de occidente tan bien difundida en este mundo globalizado es el señuelo o llamada perfecta. Pero esas imágenes poco tienen que ver con la realidad que van a encontrar las personas que deciden emigrar, muchas de ellas serán objeto de explotación, humillaciones y persecución legal.


Además de estar estrechamente vinculado a la inmigración, también lo está a la prostitución (siendo el principal destino de las mujeres traficadas), según información de la Brigada Central de Extranjería de la Policía Nacional, en 1999, de las 117 redes mafiosas desarticuladas dedicadas al tráfico de seres humanos, 82 eran redes de prostitución. Muchos gobiernos y organizaciones intentan separar el tráfico de la prostitución para evitar el contencioso tema de la legalización/regulación de ésta como sector económico y laboral.


Esto es comprensible si observamos países como Holanda y Alemania que han legalizado la prostitución y han suprimido las leyes antiproxenitismo, viven virtualmente de las ganancias de las mujeres que ejercen la prostitución, realizando importantes inversiones en la industria del sexo. Ellos interpretan el abuso o la explotación sexual de las mujeres de la industria sexual como hechos accidentales, no intrínsecos a la propia prostitución, como si el daño a las mujeres fuera fortuito, secundario o fruto del comportamiento de un proxeneta o de un comprador incorrecto.


No se reconoce que el sistema de la prostitución, regulado o no, ya es y supone un abuso en sí mismo, una violación de los derechos inherentes al ser humano. En cualquier caso, vamos a intentar hacer un análisis más detallado de las causas que intervienen en la existencia y proliferación del tráfico de mujeres, para ello distinguiremos:


a) Causas en los Países de Origen


– La pobreza estructural: Los países de origen de las víctimas son países que padecen una pobreza estructural; pobreza que no puede entenderse como un fenómeno puramente material, sino como situación en la que la persona no está en condiciones de satisfacer sus necesidades vitales, no sólo en términos de supervivencia física, sino también en términos de su desarrollo como persona.


Según el Informe sobre Desarrollo Humano 2000 de Naciones Unidas, se observa una tendencia hacia una mayor exclusión, inseguridad humana y desigualdad. Asimismo, se denuncia que la globalización no se ha configurado en términos equitativos, sino más bien lo contrario. De todo ello podemos deducir que la dinámica generada en nuestro mundo globalizado, es la de la creciente exclusión.


Por otra parte, el impacto de la deuda externa es demoledor. No es casualidad que varios de los países mencionados por la Comisión Europea, como países de origen en el tráfico, tienen una deuda específicamente contraída con España. La devolución de dicha deuda exige hacer unos ajustes estructurales que provocan el derrumbe de los sistemas de protección social, en unos casos, e imposibilitan su creación en otros.


– Situaciones de violencia y de guerra:


Otro de los elementos a tener en cuenta son los conflictos civiles y militares, que crean una necesidad imperiosa de huir de esas situaciones, lo que hace que sea más fácil caer en manos de las redes.


– La feminización de la pobreza: Aunque en principio las causas de la exclusión son comunes a mujeres y a hombres, en la mayoría de los casos, las mujeres sufren con mayor intensidad los efectos excluyentes de estos factores, debido a la situación de desigualdad que padecen de modo generalizado en todos los ámbitos de la vida. Igualmente, se puede decir que existen causas que afectan exclusivamente a las mujeres y que son consecuencia directa del sistema social imperante respecto al género: la mujer es la sustentadora del hogar, pero en peores condiciones de vida y de trabajo. No tiene el mismo acceso a la cultura, a la educación, al derecho de propiedad, a la participación política y social y, en muchos casos, está sometida a la violencia y al abuso. Todo esto hace que las mujeres vean como alternativa salir al exterior y sin contar, por desconocimiento y falta de información, con una idea precisa de lo que se les está ofreciendo.


A esto habría que añadir que en algunos países de origen, africanos o asiáticos, existe una tradición que considera a la mujer como propiedad del varón y, por tanto, susceptible de prácticas “esclavistas” de compra y venta.


b) Causas en los Países Receptores


La supremacía del mercado y del consumo en las sociedades del bienestar son las principales causas de referencia en los países receptores.


– Las leyes del mercado, la oferta y la demanda y la sociedad de consumo vienen a complementar los efectos de absorción/expulsión que caracterizan a todo proceso migratorio. Las leyes del mercado de oferta y demanda funcionan perfectamente en la industria del sexo. Para analizar este condicionamiento, tan importante y decisivo dentro de los países de origen y de destino, vamos a referirnos a las conclusiones de un estudio llevado a cabo en Tailandia. Las investigadoras dicen algo que conviene meditar:


“La trata de mujeres ilustra perfectamente la naturaleza del mercado de la economía global. En muchos aspectos las mujeres son la mercancía perfecta. Existe la demanda, y la oferta acude a aquellos lugares donde hay mayor demanda. Se despliega ingenio e iniciativa para satisfacer las necesidades de los clientes. Se genera mucha riqueza y se crea empleo. El hecho de que los objetos de este mercadeo sean seres vivos de carne y hueso y no artículos manufacturados es una cuestión que no importa lo más mínimo a los mecanismos impersonales del mercado. Si hubiera un argumento para confiar en el mercado como árbitro de nuestro destino, éste ciertamente, es uno”.


En los países receptores, en concreto, entre los que se encuentra España, predomina la sociedad de consumo y se da un incremento de la demanda de determinados servicios. Lo cierto es que si el fenómeno del tráfico de mujeres ha sufrido un incremento considerable (los datos hablan por sí solos), la razón es que la demanda ha seguido una evolución creciente. Esto sitúa al cliente como verdadero motor invisible del mercado.


El hecho es claro, un ser humano, el cliente utiliza a otro ser humano, la víctima, aun cuando se vulneren los más fundamentales derechos de esta última, derechos que se resumen en uno solo, el derecho, en definitiva, a ser tratada como un fin en sí misma y no como un medio. La víctima es considerada como un objeto que se puede comprar y vender, cambiar y utilizar para el simple goce y disfrute de otro ser humano: el cliente. No hay reciprocidad en este intercambio. Hay opresión, dominación y, las más de las veces, falta de libertad y violencia.


Consideramos que el tráfico de mujeres es una parte más de la explotación extensiva que el Tercer Mundo sufre a manos del llamado Primer Mundo. Abrimos nuestras fronteras a productos que se nos ofrecen a precios cada vez más bajos, pero las cerramos a las personas que quieren venir a trabajar.
Desde nuestra sociedad del bienestar y de consumo queremos mujeres que bailen en clubes o que trabajen como prostitutas, pero no son bienvenidas como personas.


c) Causas que Afectan Tanto a los Países de Origen como a los Países Receptores


– Los medios de comunicación. En tanto que: 1) Trasmiten una imagen concreta de éxito (no real) de los países receptores. La sociedad de consumo y despilfarro que representa a los países ricos contribuye, enormemente, a potenciar un efecto llamada en los países potenciales de emigración. 2) Contribuyen al negocio de la prostitución mostrando, en muchas ocasiones, una oferta de turismo sexual al referirse a los países empobrecidos.

 

3) Bajo la apariencia de libertad de expresión, ofrecen en las páginas de muchas publicaciones y en algunas cadenas televisivas auténticas apologías de la prostitución y del consumo del sexo.


– Leyes de inmigración restrictivas que dificultan el acceso a países por cauces legales.


No existen, en la actualidad, políticas de canalización de flujos migratorios a pesar de que hay una necesidad real de trabajadores inmigrantes en los países europeos. Lo único que encontramos son políticas de control de flujos que mantienen las fronteras cerradas a la inmigración; esta situación es el mejor caldo de cultivo para la proliferación de mafias y tráfico de personas.


– La corrupción de las autoridades (policiales y funcionarios) que facilitan las documentaciones y que dificultan la persecución.


– Vacío legal en el ámbito nacional e internacional. Incluso en los casos en los que existen, la contraprestación que se le exige a la mujer para que pueda ser aplicada, es de un coste tan alto que corre riesgo, no sólo su vida, sino también la de sus familiares. En cambio, las penas para los traficantes son muy pequeñas, si se las compara con las de otros delitos.


– Expresión de “éxito”. Con ello nos referimos a personas que anteriormente se han visto involucradas en el tráfico y que, pasado el tiempo, vuelven a sus lugares de origen haciendo alarde de su prosperidad, sin contar las penalidades y abusos a los que han sido sometidas.