Pornografía y Depravación Humana

Mujeres en Línea


Para toda visión cultural etnocéntrica, lo que no se conoce es despreciado o considerado como satánico.


El P. Joseph de Acosta en su "Historia natural y moral de las indias" (1590), al hablar sobre las imágenes y estatuas que adoraban los indios, asevera textualmente:


"Llamaban las en el Pirú, guacas, y ordinariamente eran de gestos feos y disformes; a lo menos los que yo he visto todas eran así. Creo sin duda que el demonio, en cuya veneración las hacían, gustaba de hacerse adorar en figuras mal agestadas". Poco difiere de ésta la opinión del capitán español Pedro de


Arévalo quien, con los mulatos de San Mateo de Esmeraldas visitó, en julio de 1600, la región aledaña a la desembocadura del río Santiago, donde se sacaba mucho oro labrado, "que lo avía por haber sido antiguamente, como dicho tiene, población y oratorio y habitándola indios, oficiales plateros donde hallaron muchos idolillas de barro con figuras malas y de leones aunque hechas con artificio". Se trata de las obras de arte de la maravillosa cultura "Tumaco-La Tolita" degradadas a la representación de la fealdad propia de los seres malignos.


La conformación cultural no es fácil de comprender particularmente en aquellas áreas que asumimos como "naturales": el sexo, la alimentación, los sentimientos y la expresión de ciertas emociones y actitudes. Lo "natural", en cada sociedad, surge de sus propias creencias y costumbres. Este componente cultural es fácil de comprender en los hábitos alimenticios, mas no en la actividad sexual, a causa del conjunto de tabúes (prohibiciones) culturales transmitidos por el aprendizaje. Lo que se considera erótico u obsceno en algunas culturas, evoca indiferencia o disgusto en otras.


El beso, por ejemplo, no es algo que se practique en muchas sociedades y, entre ellas, en nuestra cultura indígena tradicional. En algunos pueblos del mundo la intimidad sexual se inicia olfateándose mutuamente; en otros es usual inspeccionarse el pelo en busca de piojos, para comérselos, ocupación no obscena sino natural y agradable entre dos personas que se quieren. Como afirma la antropóloga norteamericana Serena Nanda en su obra "Antropología Cultural" (1982), no es posible definir reglas universales en esta área de la cultura, pues no son actitudes diferentes sobre el sexo, sino que esas actitudes conforman la sensibilidad sexual de hombres y mujeres en la sociedad de que se trate, cuyos valores nunca son estables sino que se encuentran en permanente adaptación y cambio.


En estos últimos días se ha hablado de un posible control estatal de la obscenidad y la pornografía. Pero ¿quién es el Estado para determinar normas morales? Y, especialmente, ¿qué es "pornografía"? Un análisis etimológico nos enseña que proviene de los vocablos griegos "pronos": prostituido y "grafía": escrito; palabra que define el "Diccionario" de la Real Academia Española: "Tratando acerca de la prostitución" y, como segundo significado, "Carácter obsceno de obras literarias o artísticas". Pero, ¿es obscena una "Venus" de Valdivia?


Los Papas del Renacimiento no consideraron obscenos o pornográficos los desnudos pintados por Miguel Ángel que decoran la Capilla Sixtina, los que fueron posteriormente retocados dentro de las estrictas normas morales de la Contrarreforma; actualmente han sido restaurados en su antiguo esplendor renacentista y no serán causa de tentaciones obscenas a los piadosos Cardenales que elegirán al próximo Papa. Nada más a propósito que las siguientes palabras de San Agustín en la "Ciudad de Dios": "Si alguien lee esto con sentimientos poco castos que acuse a la corrupción del hombre, pero no a la naturaleza. Que condene la impureza de su corazón, pero no a las palabras que la necesidad nos obliga a emplear". Quizás aprendamos la lección de que en la cultura no existe otra virtud sino la tolerancia y de que el fanatismo es la mayor depravación humana.